En algún momento, no puedo precisar cuando, los adultos bajamos los brazos ante la responsabilidad y las dificultades de ser adulto y nos quedamos paralizados sin actuar como adultos.
Porque claro, es muy difícil, y trabajoso ser adulto...
Debemos decir cosas que los niños y adolescentes no quieren escuchar...
Debemos hacer cosas que tal ves no nos gusta, como levantarnos temprano para encargarnos de otros, nuestros hijos por ejemplo...
Tenemos que pensar en alimentación sana, en horarios adecuados, aunque no nos guste.
Aveces debemos decir que "NO", debemos decir "deja eso", "duerme", "come", "báñate", "ordena el cuarto", "no me gusta ese amigo", "debes hacer los deberes", "lávate los dientes", "deja el teléfono"...
También decir "te quiero", "me equivoque", "lo lamento", "confío en ti"...
Muchas cosas, la mayoría de lo que tenemos que hacer están muy mal vistas por los niños, por los adolescentes. Ellos se enojan y nos frustra mucho que se enojen con nosotros.
No nos gusta, pues es difícil ser adulto... sería mejor que miráramos para el costado, hacer oídos sordos y no enfrentarnos a todos esos problemas que implican ser adultos.
Pero no tenemos más remedio. Debemos hacerlo pues nuestros niños y nuestros adolescentes. Ellos necesitan que seamos adultos, que les pongamos límites, pues lo necesitan, que los enfrentemos a la responsabilidades.
Como padres, tíos, hermanos mayores, docentes necesitamos ser adultos, ellos necesitan de nuestra ayuda para que a su vez y en su momento sean adultos.
Es importante que asúmanos esa responsabilidad: con ternura, con amor, con respeto.
Es nuestra responsabilidad ser adultos, no es divertido. Es más sencillo decirlo que hacerlo pero se aprende desde lo que se dice y desde lo que se hace. Una generación enseña a la siguiente lo que implica es nuestro momento de enseñarle a los ahora niños para que ellos les enseñen a los que no han nacido aun.
Debemos actuar, ellos se merecen que los adultos actúen como adultos.